Raíces vivas gracias a la música coral en Bulgaria

Theodora Pavlovitch

El Estado búlgaro se estableció en el año 681 y un acontecimiento de gran importancia para el joven estado fue la adopción del cristianismo en el año 865. En el campo de la música, entre Bulgaria y Bizancio en particular, hubo relaciones bilaterales que influyeron en ambas direcciones, mantenidas por los monasterios de Athos. Fuertemente relacionado con la tradición del Imperio, el canto religioso búlgaro entre los siglos IX-XI estuvo marcado por todas las características del estilo bizantino. A su vez, la antigua música folclórica eslavo-búlgara influyó en el repertorio de cantos bizantinos. Al mismo tiempo, dos personajes notables trajeron un cambio a la historia europea. Los hermanos Cirilo y Metodio, monjes y misioneros, inventaron el alfabeto eslavo y tradujeron los principales libros religiosos del griego al antiguo idioma eslavo hablado, que incluso ahora se usa para la liturgia en la mayoría de los países ortodoxos.

Yoan Koukouzel

A finales del siglo XIII apareció una personalidad singular: Yoan Koukouzeles (1280?-1360), también conocido como Yoannis Koukouzelis o John Joukouzeles. Búlgaro por parte de madre, vivió en una época de cooperación cultural entre los estados ortodoxos balcánicos. Su contribución a la música ortodoxa es considerable: ideó una nueva notación neumática, introdujo la modulación como sistema musical, compuso una serie de piezas litúrgicas, entre ellas “Polyeleos of Bulgarian Woman”, dedicada a su madre. “Siendo producto de la simbiosis búlgaro-bizantina, Yoan Koukouzeles fue al mismo tiempo uno de sus símbolos más brillantes. La herencia musical de Yoan Koukouzeles es parte de la civilización bizantina, pero al mismo tiempo es parte de la contribución búlgara a la creación, desarrollo y difusión de este fenómeno”. (Dr. Ph. Ivan Bozhilov).

Cientos de obras de Koukouzeles han sobrevivido hasta el día de hoy y su música todavía se interpreta en iglesias búlgaras y en algunos coros.

A finales del siglo XIV, los ejércitos turcos atacaron los territorios búlgaros y en 1396 el país quedó completamente bajo el dominio otomano. Los casi 500 años de historia posteriores causaron un daño terrible a la cultura búlgara. Los búlgaros se vieron obligados a cambiar de religión y volverse musulmanes. Miles de personas fueron asesinadas hasta que los gobernantes otomanos se dieron cuenta de que los búlgaros preferían morir antes que perder su fe cristiana. Ya al comienzo de la dominación otomana, muchas personas partieron de Bulgaria y, como resultado, los cantos ortodoxos búlgaros se extendieron a muchos lugares diferentes. Una de las consecuencias más importantes de ese movimiento fue el llamado Bolgarskii rozpev (canto búlgaro) en Rusia, Ucrania y Moldavia. Presenta un repertorio litúrgico para todo el año, anotado bajo este título en las antologías litúrgicas del suroeste de Rusia de los siglos XVI y XVII.

Uno de los factores más importantes que preservó el espíritu búlgaro a lo largo de los años de dominación fue la música: en los monasterios y conventos se cantaban ricas tradiciones populares y los viejos cantos ortodoxos. Debido a las condiciones históricas específicas, la influencia entre la religión ortodoxa y las canciones populares fue muy intensa y aún hoy se pueden encontrar en la liturgia un gran número de cantos ortodoxos anónimos con elementos populares.

En el siglo XIX, una generación de personas bien educadas se convirtió en líder del nuevo movimiento que luchaba por la independencia de la iglesia y la liberación nacional. Como resultado, el 28 de febrero de 1870, la iglesia búlgara fue proclamada independiente y la liturgia se recitó nuevamente en los antiguos idiomas eslavo y búlgaro. No fue casualidad que por esa época se fundaran los primeros coros polifónicos en varias ciudades búlgaras. La guerra ruso-turca (1877-1878) liberó al estado búlgaro. También introdujo un gran desarrollo en el campo de la música.

Después de la liberación, muchos maestros búlgaros fundaron y dirigieron coros y algunos compositores búlgaros comenzaron sus primeros intentos de escribir música sacra: Nikolai Nikolaev (1852-1938), Atanas Badev (1860-1908), Emanuil Manolov (1858-1902), entre otros. A fines del siglo XIX, apareció en el escenario un personaje asombroso: Dobri Christov (1875-1941). Originalmente maestro y director de orquesta en Varna, se fue a estudiar a Praga con Antonín Dvořák y tres años después de regresar, en 1906, escribió la primera de sus piezas de iglesia en un estilo totalmente nuevo que era incomparable con cualquier composición de iglesia anterior. Más tarde, Dobri Christov escribió 2 liturgias completas (la primera de ellas dedicada a la santificación de la Catedral de “San Alejandro Nevski” en Sofía en 1924), All Night Vigil y muchos cantos adicionales. Todos ellos pertenecen al patrimonio musical búlgaro más valioso. Además de su creatividad como compositor, Dobri Christov fundó y dirigió los mejores coros de iglesia en Varna y Sofía. También fue uno de los principales musicólogos búlgaros, director de la Escuela de Música de Sofía, profesor de Teoría de la Música en la Academia Estatal de Música de Sofía y uno de los fundadores de la Unión de Coros de Bulgaria (1926).

En la primera mitad del siglo XX, muchos compositores siguieron el trabajo de Christov y escribieron música ortodoxa en el nuevo estilo nacional fuertemente conectado con las tradiciones europeas en melodía y armonía: Apostol N. Strumski (1886-1971), Anastas Nikolov (1876-1924), Alexander Krastev (1879-1945), Christo Manolov (1900-1953) y muchos otros. Entre ellos se encontraba Petar Dinev (1889-1980), quien llevó a cabo investigaciones científicas sobre el canto búlgaro, tradujo muchas obras de John Koukouzeles de la notación neumática a la notación moderna, compuso una liturgia y varias colecciones de cantos eclesiásticos.

El régimen comunista detuvo este desarrollo durante casi 50 años. Desde 1944 hasta 1989, la música ortodoxa estuvo prohibida en Bulgaria y sólo unos pocos coros de iglesias podían actuar en sus propias iglesias.

Los cambios políticos en la última década del siglo XX trajeron un nuevo movimiento y después de 1989 se fundaron y restauraron muchos coros de iglesias. Hoy, el repertorio litúrgico y coral en Bulgaria está compuesto por piezas de autores búlgaros y eslavos. Fuera de la iglesia, los coros profesionales y aficionados búlgaros interpretan música ortodoxa muy a menudo en paralelo con música de compositores europeos de varios estilos.

   

Prof. Theodora Pavlovitch, PhD, es Jefa del Departamento de Dirección y Composición de la Academia Nacional de Música de Sofía. Es directora del Vassil Arnaoudov Sofia Chamber Choir y del Classic FM Radio Choir. También ha sido directora invitada, conferencista y miembro del jurado en varios eventos prestigiosos en 28 países europeos, EE. UU., Japón, China, Hong Kong, Taiwán, Corea, Rusia e Israel. En 2007 y 2008 dirigió el Coro Mundial de Jóvenes, distinguido por la UNESCO con el título de Artista por la Paz. Desde 2012, la Prof. Pavlovitch es la representante de Bulgaria en el Consejo Coral Mundial y desde 2021 es miembro honorario del Consejo. Por sus logros en la música y la vida coral internacional, ha recibido muchos premios especiales del Ministerio de Cultura de Bulgaria, la Federación Internacional para la Música Coral, el Consejo Europeo de Sociedades Científicas y Culturales y Classic FM Radio, entre muchas otras instituciones profesionales. theodora.pavlovitch@gmail.com

Traducido del inglés por Vania Romero, Venezuela