Raymond Murray Schafer

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Breve Biografía

 

Por Brett Scott, Director Coral y Profesor

 

Raymond Murray Schafer nació el 18 de julio de 1933 cerca de Toronto, Ontario, Canadá. Su primerísima exposición a la música fueron las lecciones de piano, que inició a los seis años de edad por insistencia de su madre. A pesar de que, en general, detestaba estas lecciones, perseveró el tiempo suficiente para obtener una Licenciatura en Piano del Royal Schools of Music (su único certificado de música formal). Una experiencia mucho más significativa  para él fue su participación en el coro de una iglesia anglicana local, lo cual le despertó un interés de por vida en la composición de música coral. A los quince años comenzó sus lecciones de teoría con el renombrado (y controvertido) compositor y profesor canadiense, John Weinzweig, con quien continuó durante su paso por la secundaria y sus dos años en el Real Conservatorio de Música y en la Universidad de Toronto.  Después de una expulsión abrupta de esa universidad (al haberse negado a disculparse por su “comportamiento maleducado” con cierta autoridad), Schafer partió a Austria para estudiar música en la Academia de Viena y viajó por Europa oriental, donde conoció a Kodaly y conoció la música típica de Hungría y Rumania.   

Luego de un  breve regreso a Canadá, Schafer viajó a Londres, donde estudió composición con Peter Racine Fricker. En 1961, retornó a Toronto y trabajó en la filial local del Centro de Música Canadiense, donde catalogaba y duplicaba partituras de compositores canadienses contemporáneos. Insatisfecho con el escenario musical de la ciudad, Schafer se unió con varios compañeros compositores y juntos formaron el influyente ciclo de Ten Centuries Concerts, diseñado para exponer al público a la música del siglo XI hasta el siglo XX que había sido olvidada.   

Luego de un período de dos años como artista residente de la Universidad Memorial en San Juan de Terranova, Schafer comenzó a trabajar en la facultad de la Universidad Simon Fraser, recientemente establecida en Columbia Británica. Fue miembro fundador del Centre for the Study of Communications and the Arts, una organización diseñada para romper las barreras entre el arte y la ciencia. Durante los diez años que trabajó en la universidad, Schafer adquirió reconocimiento nacional como compositor a través de presentaciones en los festivales de Tanglewood y Aldeburgh y de sus composiciones por encargo para importantes orquestas canadienses. Desarrolló el campo de los estudios sobre paisajes sonoros y obtuvo renombre internacional por sus artículos sobre educación musical.

En 1975, Schafer renunció a su trabajo en la Simon Fraser y se mudó a una casa de campo abandonada, en la zona rural de Ontario, esperando vivir de la composición y aceptando, en muchas oportunidades, el cargo de profesor invitado. Entre uno y otro trabajo por encargo, dedicó buena parte de su energía compositiva a su obra, Patria, un extenso ciclo dramático/musical dividido en doce partes. En 1984 abandonó Ontario por St. Gallen, Suiza. Allí permaneció dos años para luego retornar a Toronto y, de nuevo, a la Ontario rural. Desde su regreso a Canadá, ha estado realizando numerosas composiciones corales e instrumentales por encargo  a nivel nacional e internacional. Es  invitado frecuentemente como conferencista y educador en Canadá y otras partes del mundo; América del Sur y Asia, en particular. Se ha centrado principalmente en completar y producir el ciclo Patria, varias de cuyas partes han sido ya presentadas en Canadá y en el mundo. Schafer continúa recibiendo el reconocimiento de su país natal. Cabe mencionar las celebraciones nacionales en conmemoración de sus 70 y 75 cumpleaños.

 

Composiciones corales

Raymond Murray Schafer escribió más de cuarenta obras corales: desde dramas musicales extensos hasta piezas cortas para cuarteto vocal.[1]  Además realizó virtuosas composiciones por encargo para ensambles como King’s Singers, BBC Singers, y Orphei Dränger y también escribió obras simples de manera colaborativa para grupos amateur de la comunidad. Se destacan, especialmente, sus composiciones para cantantes jóvenes. Piezas como Epitaph for Moonlight y Gamelan se han convertido en sus obras más populares. Numerosas influencias, que pueden ser más precisamente etiquetadas como inquietudes compositivas, se evidencian en su producción artística en general y en sus piezas corales en particular.   

Schafer escribió ampliamente sobre los fundamentos filosóficos de su ciclo dramático/musical, Patria. Las dos colecciones más importantes de estos artículos son Patria and the Theatre of Confluence y Patria: The Complete Cycle, el cual incorpora material de la publicación anterior. El concepto de “Teatro de Confluencia” (su término) abarca no sólo aquellas composiciones corales escritas para Patria, sino también piezas que no están específicamente ligadas al ciclo. La propuesta de Schafer de fusionar las artes toma conceptos de Wagner y de los trabajos de Berthold Brecht, pero va más allá de esos modelos. Las distintas disciplinas artísticas (visual, teatral, sonora, danza) se entrelazan en sus composiciones. A veces, se mueven juntas y otras,  a contrapunto; a veces, aisladas o claramente diferenciadas. En las composiciones corales, las artes visuales y la música se combinan a través del uso de la notación gráfica en sus extraordinarias partituras artesanales. (Snowforms es un  ejemplo excelente). El movimiento se incorpora a sus composiciones frecuentemente (Hear Me Out), y, por lo general, el público lo capta de manera física. Sus composiciones corales más extensas (Apocalypsis, Jonah, In Search of Zoroastor) incorporan disfraces y puestas en escena, y se inclinan hacia el ámbito del drama musical sacro. Son pocas las piezas corales que incluyan sólo elementos estrictamente musicales. 

En una declaración presentada en el International Music Congress del International Music Council de la UNESCO, en 1971, R. Murray Schafer estableció cuatro objetivos principales para lo que él denomina “educación musical creativa”.  En su opinión, la educación musical debe descubrir el potencial creativo que los niños posean para hacer música propia; introducir a los estudiantes de todas las edades a los sonidos del entorno; descubrir el lugar de encuentro donde confluyan todas las artes; y desarrollar armoniosamente, y explorar las maneras en las que las filosofías orientales pueden utilizarse para capacitar a los artistas y músicos occidentales.[2]  Su actitud frente a estos objetivos puede apreciarse en varias de sus composiciones para jóvenes cantantes o coros amateur de la comunidad. Muchas de las composiciones en el ciclo de Patria (su “lugar donde confluyan todas las artes”) están escritas para cantantes jóvenes solistas y coros juveniles. La utilización de la notación gráfica en sus composiciones para los jóvenes es resultado directo de su filosofía según la cual “necesitamos… un sistema de notación, cuyas nociones básicas puedan enseñarse en quince minutos, para que luego, la clase sea capaz de  sumergirse de lleno,  rápidamente, en la creación de música en vivo.”[3]  Las partituras gráficas incorporan con frecuencia elementos de la notación tradicional, ya sean compases o indicaciones rítmicas (Epitaph for Moonlinght, Minnewanka), o tonos (Snowforms), pero el principio subyacente es que el sistema de notación permita a los estudiantes participar en la realización de la composición de manera activa y creativa.

En 1972, Schafer fundó el World Soundscape Project como la culminación de varios años de investigación sobre la relación entre el hombre y su entorno acústico. Además de su anhelo educativo de introducir a las personas a los sonidos de su entorno, el trabajo de Schafer sobre el paisaje sonoro surgió de su preocupación por la contaminación acústica y del deseo de encontrar un enfoque positivo al problema. (La primera publicación oficial del World Soundscape Project fue El libro del ruido). Los estudios sobre el paisaje sonoro buscan abordar temáticas como el oscurecimiento de los sonidos naturales causado por los sonidos mecánicos; el problema de los motores de combustión interna y la contaminación sónica del cielo producida por las aeronaves. Los dos textos definitivos de Schafer sobre los estudios del paisaje sonoro son The Tuning of the World (reimpreso como The Soundscape) y Voices of Tyranny, Temples of Silence. En sus obras, Schafer apunta a acercar la música al paisaje sonoro de la vida contemporánea: una modificación en la antigua tradición occidental de separar la música como placer abstracto o estético despojado de otros propósitos o funciones; idea muy diferente de las de tradiciones de muchas otras culturas.  Numerosas obras corales de Schafer reflejan no solamente su investigación sobre el paisaje sonoro, sino también una inquietud sobre el hecho de que la humanidad moderna está distanciándose cada vez más del mundo natural. Varias composiciones corales describen los sonidos naturales o imaginados y los paisajes sonoros (A Garden of Bells, Fire, Once on a Windy Night), o transforman los fenómenos visuales en experiencias auditivas (Epitaph for Moonlight, Sun, Snowforms). Un punto en común a lo largo de todos estos trabajos es el uso del lenguaje onomatopéyico, porque según Schafer, “en el vocabulario onomatopéyico, el hombre se une al paisaje sonoro que lo rodea, haciendo resonar sus elementos.”[4]

La utilización del vocabulario onomatopéyico es producto de su extensa consideración sobre el lenguaje y la relación del mismo con la música. Schafer utiliza, con frecuencia, palabras según su sentido onomatopéyico o simplemente debido a sus hermosos sonidos (Beautiful Spanish Song establece una lista de palabras en español  que son “hermosas”, sin relacionarlas con sus significados). Puede utilizar múltiples lenguajes del mundo en una sola composición (Sun), colecciones de palabras de los pueblos originarios estadounidenses (Minnewanka, Snowforms), o lenguajes recientemente creados (Epitaph for Moonlight). En otras composiciones, Schafer va más allá de las palabras como sonidos. En sus artículos, generalmente, trata de las creencias de las sociedades antiguas en los poderes mágicos del habla y el canto, y cita ejemplos de muchas historias creacionistas que describen a Dios creando por medio del sonido o el habla. Resume sus teorías sobre este tema de la siguiente manera: “A través del razonamiento homeopático, por el cual, cualquiera que pueda imitar el sonido específico de un objeto tiene posesión de la energía mágica con la que ese objeto está cargado, el hombre primitivo cultivaba su vocalización y su música para influenciar la naturaleza en beneficio propio.”[5]  Schafer explora estos conceptos de manera extensa en Patria Epilogue: And Wolf Shall Inherit the Moon. En este proyecto anual de una semana de duración, que se desarrolla en la tierra indómita de Ontario, los participantes inventan cánticos y melodías en respuesta al paisaje natural. Su exploración publicada y más conocida de estos conceptos  son las piezas Magic Songs, concebidas para llamar la atención a aspectos del mundo natural, destruidos o descuidados por la humanidad. Schafer las denomina canciones mágicas “porque no sólo reflejan la naturaleza, sino que también interactúan con ella e intentan influenciarla”.[6]

La atracción de R. Murray Schafer por las culturas y filosofías no occidentales comenzó mucho antes de su interés en las sociedades prehistóricas. Varias de sus composiciones corales reflejan un interés en la filosofía oriental que data de sus años como estudiante. Dos poetas influyentes de esta tradición fueron Jalal al-Din Rumi, a quien Schafer leyó por primera vez durante un viaje a Irán en 1968, y Rabindranath Tagore. Schafer también incluyó textos del hinduismo (el Bhagavad Gita en Gita), budismo (el Bardo Thödol en From the Tibetan Book of the Dead  y el Digha Nikaya en The Death of the Buddha) y el zoroastrismo (en In Search of Zoroaster). Varias de estas filosofías orientales se fusionaron con escritos gnósticos y herméticos para crear los libretos, no solamente de algunas secciones de Patria, sino también de importantes composiciones corales como The Fall Into Light. Cuando Schafer elige textos del canon cristiano, generalmente lo hace en reacción al drama de los textos. Esto se puede apreciar en las composiciones corales extendidas Apocalypsis Part I: John’s Revelation y Jonah.

Por medio de la integración de sus múltiples inquietudes sociales y artísticas, Schafer ha sido capaz de crear una voz compositiva individual y sofisticada. En sus numerosas composiciones corales, estos elementos se ordenan de distintas maneras para que no haya dos composiciones iguales. A lo largo de su carrera profesional, dedicó una buena parte de su energía compositiva a crear música coral para casi todos los niveles y combinaciones de voces. El resultado es una contribución importante y valiosa al canon musical contemporáneo; contribución que puede ser explorada ricamente por los directores corales en cada lugar y cada cultura del mundo.

 


[1] Para una lista completa de las composiciones corales disponibles de Schafer, visite la página www.patria.org

[2] R. Murray Schafer, Creative Music Education (Nueva York: Schirmer Books, 1976), 227.

[3] I. Bontick and O. Brusatli, eds., Festschrift Kurt Blaukopf (Viena: Universal Edition, 1975), 133.

[4] R. Murray Schafer, The Tuning of the World (Nueva York: Alfred A Knopf, 1977), 81.

[5] R. Murray Schafer, Voices of Tyranny, Temples of Silence (Indian River: Arcana Editions, 1993), 38

[6] R. Murray Schafer, Magic Songs (Indian River: Arcana Editions) 

 

 

Brett ScottBrett Scott es Profesor Asistente de la cátedra Ensambles y Dirección en el College-Conservatory of Music de la Universidad de Cincinnati, donde enseña dirección y literatura coral y dirige el coro del CCM.  Además, es editor de la publicación periódica America’s Research Memorandum Series y editor asociado del National College Choral Organization’s Choral Scholar. Correo electrónico:  cornislb@ucmail.uc.edu

 

Traducción por Laura Heritier

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